La vaina de mielina es una capa protectora que recubre los axones de las neuronas. En primer lugar, su función principal es facilitar la transmisión rápida de los impulsos nerviosos. Gracias a su composición, optimiza la velocidad y la eficiencia de la conducción eléctrica.
Está compuesta principalmente por lípidos y proteínas especializadas. Debido a esta estructura, actúa como un aislante eléctrico alrededor del axón. En consecuencia, reduce la pérdida de corriente durante la propagación del impulso nervioso.
Además, la mielina permite que la conducción se realice de manera saltatoria. Es decir, el impulso nervioso se desplaza entre los nódulos de Ranvier. Por lo tanto, la señal avanza con mayor rapidez que en los axones no mielinizados.
Por otra parte, en el sistema nervioso central, la mielina es producida por los oligodendrocitos. En cambio, en el sistema nervioso periférico, es formada por las células de Schwann. Así, distintos tipos celulares participan en su formación y mantenimiento.
Asimismo, la integridad de la vaina de mielina es esencial para el funcionamiento adecuado del sistema nervioso. Cuando esta estructura se daña, la transmisión nerviosa se vuelve lenta o ineficiente. Como resultado, pueden aparecer alteraciones motoras, sensitivas o cognitivas.
En conjunto, la vaina de mielina contribuye de manera decisiva a la comunicación entre neuronas. Además, favorece la coordinación de funciones complejas en el organismo. Finalmente, su estudio resulta fundamental para comprender diversos trastornos neurológicos relacionados con la desmielinización.


