Por consiguiente, las arterias cerebrales transportan sangre altamente oxigenada bajo una presión regulada con exactitud. Además, en el esquema se distinguen las ramificaciones que penetran en la corteza para alimentar cada neurona. Efectivamente, la perfusión cerebral asegura que la glucosa llegue a las áreas con mayor actividad metabólica. No obstante, el equilibrio químico depende también de la retirada constante de desechos celulares. Por esta razón, las venas cerebrales cumplen una función crítica al recolectar la sangre desoxigenada. En consecuencia, el retorno venoso hacia el corazón cierra un ciclo de vital importancia biológica.
Por otra parte, la autorregulación vascular protege al cerebro de las fluctuaciones en la presión sistémica. Debido a esto, los vasos pueden dilatarse o contraerse según las necesidades locales de cada lóbulo. Igualmente, los conectores entre grandes vasos garantizan vías alternativas en caso de obstrucciones parciales. De igual manera, el mantenimiento de este flujo constante previene la aparición de isquemias o fallos cognitivos. En realidad, la salud de la circulación sanguínea cerebral define nuestra capacidad de pensar, sentir y movernos. Por último, cabe señalar que la entrega de oxígeno es el pilar de la conciencia humana. Así pues, este esquema visual es fundamental para estudiantes y profesionales de la salud.


